La vida Consagrada "Puesta de Largo"
"La Iglesia somos todos nosotros...Cada cristiano y la comunidad de los creyentes están llamados a una conversión continúa”
En uno de sus incisivos artículos, el añorado Martín Descalzo, escribía que el problema número uno en la Iglesia era la falta de santidad de la mayoría de los cristianos. Esta afirmación la refrenda, nada menos que el Papa actual en su mensaje reciente en Friburgo el 25 de Septiembre. He aquí la cita textual: “A la beata Madre Teresa le preguntaron una vez cuál sería, según ella, cuál era la primera cosa que cambiaría de la Iglesia. Su respuesta fue:¡Usted y yo!”. Este pequeño episodio pone de relieve dos cosas: por un lado la religiosa quiere decir a su interlocutor que la Iglesia no son sólo los demás, la Jerarquía , el Papa y los Obispos; la Iglesia somos todos nosotros, los bautizados: Por otro lado, parte del presupuesto de que efectivamente hay motivo para un cambio, de que existe esta necesidad. Cada cristiano y la comunidad de los creyentes están llamados a una conversión continúa”
El segundo problema es esa extraña enfermedad que ha hecho que durante siglos confundiéramos la Iglesia con los Obispos y curas. Y los demás miembros se mantenían atenazados por una extraña parálisis.
Y el tercero, pero éste es ya harina de mi costal, y muy en el primer plano de la actualidad eclesial, es la gran cancha que se da, y me parece muy bien, a los nuevos movimientos. Lo que no me parece ya tan bien es situar en la penumbra eclesial a las Congregaciones religiosas. Lo denunciaba con fuerza en una de sus columnas en “Vida Nueva”, el reconocido historiador Juan María Laboa. Y lamentaba el poco apoyo que encuentra esta forma de vida cristiana, en parte de la Jerarquía. En una reciente entrevista concedida al seminario Vida Nueva, por el actual Prefecto para la Vida Consagrada, dice textualmente: “Yo era totalmente ajeno a los problemas que había en el Dicasterio. Hemos encontrado estas dificultades en la relación, sobre todo por ciertas dudas de la Santa Sede para que se diese un valor a la VR Tradicional.”
Quince años recién cumplidos
La Exhortación Apostólica “Vida Consagrada” ha cumplido, este año 2.011, quince años. O sea su “puesta de largo”. Quizá no será ocioso recordar la fiesta que con este nombre, organizan algunas quinceañeras privilegiadas, para decir a la sociedad: Aquí estoy yo y quiero ocupar un lugar en este mundo que me rodea.
Pues eso mismo: ¡Aquí estoy yo!, grita la Exhortación Apostólica firmada por Juan Pablo II, el 25 de Marzo, hace quince años. A ver si alguien se entera. Y me presento en la realidad eclesial como un lago que ha recogido en su seno la doctrina conciliar y posteriores reflexiones del Magisterio y de acreditados especialistas en la materia.
La primera verdad
Por primera vez un documento del Magisterio refrenda la afirmación de la teología de la Vida Religiosa, según la cual esta forma de vida pertenece a la naturaleza de la Iglesia Pero todavía no se han enterado algunos agoreros que sutilmente siembran que los frailes y monjas son especie en extinción. Merece la pena la cita completa:
La reflexión teológica sobre la naturaleza de la vida consagrada ha profundizado en estos años en las nuevas perspectivas surgidas de la doctrina del Concilio Vaticano II. A su luz se ha tomado conciencia de que la profesión de los consejos evangélicos pertenece indiscutible-mente a la vida y santidad de la Iglesia. Esto significa que la vida consagrada, presente desde el comienzo, no podrá nunca faltar a la Iglesia como uno de los elementos irrenunciables y característicos, co-mo expresión de su misma naturaleza…El concepto de una Iglesia for-mada únicamente por ministros sagrados y laicos, no corresponde, por tanto, a las intenciones de su divino Fundador, tal como resulta de los evangelios y de los demás escritos neotestamentarios” (V.C.29).
Como anécdota ilustrativa, no voy a citar el nombre, unos de los teólogos “progres” y bastantes años después del Concilio, afirmó en una conferencia que los religiosos éramos unos híbridos que no sabía donde colocarnos. Este teólogo y ya pasados bastantes años del final de Vaticano II, no había avanzado y seguía inmer-so en los humos renovadores de algunos compañeros ideológicos de la década de los cincuenta, que habían puesto la Vida Religiosa en el ojo del huracán. Confirmo lo dicho con un recuerdo personal:.
Congreso de perfección y apostolado
El año 1956 se convocó un magno Congreso que creo pretendía canalizar las inquietudes que ya empezaban a bullir en nuestra Iglesia; Lo presidió el Cardenal Valerio Valeri, flanqueado por el entonces Secretario del Dicasterio de la Vida Religiosa, P. Arcadio Mª Larraona c.m.f.
Algunos grupos influyentes y con ínfulas doctorales, fomentaban desde cier-tos MCS a su alcance, una especie de maltusianismo. Y la idea llegó a prender en amplias esferas eclesiales. Afirmaban, con seguridad, que las múltiples Congrega-ciones religiosas, atomizaban las fuerzas con una dispersión inútil. Y se proponía como solución fundir las Congregaciones afines de manera que quedasen cuatro grandes congregaciones con estas cuatro misiones: enseñanza; obras sociales; con-templativas y evangelización itinerante. Y por supuesto era importante suprimir la exención para estar más disponibles a las necesidades diocesanas.
En el aula magna del Congreso, fui testigo presencial, en el momento del coloquio tomó el micrófono, con mucho desparpajo, uno de los sacerdotes , que se creían renovadores, interpeló a la Presidencia preguntando la razón por la cual en el momento eclesial que pedía potenciar las congregaciones con la fusión, sin embargo la Congregación de Religiosos seguía aprobando nuevas Congregaciones. El Cardenal Valerí con un gesto invitó a su Secretario a que diese la respuesta. El P. Larraona contestó breve y contundentemente: “Aprobamos nuevas Congregaciones, porque no podemos con el Espíritu Santo”
El conocido y prestigiado internacionalmente canonista claretiano, sintetizó y adelantó la doctrina conciliar sobre los carismas y que la Exhortación “Vita Con-secrata” confirma casi con las mismas palabras al abrir la brecha desde el comienzo: “La Vida Consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y enseñanzas de Cristo el Señor, es u n don de Dios Padre a su Iglesia, por medio del Espíritu San-to”(V.C.1).
Un paralelo que ilustra
Para mejor entender la afirmación “Vita Consecrata” de que la Vida religiosa pertenece a la naturaleza de la Iglesia, quiero hacer partícipes del recuerdo que nunca se me irá de la memoria de una famosa homilía de Pablo VI de la cual no tengo el texto, pero respondo de la autenticidad del contenido. Afirmó el Papa que la Virgen Inmaculada, pertenece a la integridad del Misterio cristiano. Eliminar a la Virgen-dijo con rotundidad- y ya no hay cristianismo. Creo que no hace falta demostración alguna de esta gozosa comprobación: ¿Se puede entender el Cristia-nismo sin la Anunciación y el Sí de la Virgen nazarena?
¿Cómo celebrar la fiesta quinceañera?
Esta pequeña pantalla es más que diccionario. El “Google” me presenta una serie de recomendaciones para celebrar esa puesta de largo de las adolescentes que se presentan en la sociedad como ye hechas mujeres. Pero claro está, ni de lejos, me indican como celebrar los quince años de la publicación Apostólica sobre los consagrados. Por tanto hay que hacerle gala de creatividad. Se me ocurren tres maneras:
Conocerla y darla a conocer
Recuerdo una anécdota. En mi itinerancia evangelizadora, reunido con los sacerdotes de la Parroquia, se me ocurrió –se estaba en esa primera fase- pregun-tarles si ya habían respondido con los grupos parroquiales a “los lineamenta”. (Ese primer borrador que había presentado la Secretaría General del Sínodo.) Se mira-ron extrañados y al fin uno exclama: ¡Ah sí! El próximo Sínodo es sobre vosotros los frailes ¿no?. No hace falta comentario. Pero sigo. La portada del documento dice así: “Exhortación Apostólica postsinodal ‘Vita Consecrata’ del Santo Padre Juan Pablo II al Episcopado y al Clero, a las Órdenes y Congregaciones Religiosas, a las Sociedades de Vida Apostólica, a los Institutos Seculares y a todos los fieles sobre la Vida Consagrada y su misión en la Iglesia y en el Mundo”
Sería fácil saber si la mayoría de los destinatarios se dieron por aludidos. En general las Congregaciones Religiosas recibieron con gozo el texto y lo estudiaron. Yo mismo dirigí variadas semanas de Formación Permanente sobre el tema. Pero ¿no está olvidada y desconocida por las generaciones jóvenes de los Juniorados? Si el Santo Padre –con evidentemente optimismo dice que hay que volver al Concilio-, digo optimismo porque se vuelve a un lugar donde ya se ha estado, ¿no podría-mos decir lo mismo sobre esta maravillosa Exhortación Apostólica?
Es necesario tener iniciativas que interpelen a Obispos, Curas y Movimientos Laicales para que la lean y conozcan. Para todos ellos y para nosotros se puede aplicar la invitación que Benedicto XVI, hace a los jóvenes de la JMJ, respecto del Catecismo Juvenil –“Youcat”- que se encontraron en la mochila: “¡Estudiad el Catecismo! Es mi deseo más ardiente. Este Catecismo no os regala los oídos .No os lo pone fácil. Pues os exige una vida nueva. Os presenta el mensaje del Evangelio, como “la perla de gran valor”, por la que hay que dejarlo todo. Por eso os pido: ¡estudiad el catecismo con entusiasmo y constancia! ¡Dedicadle tiempo! Estudiadlo en el silencio de vuestro cuarto, leedlo con un amigo, formad grupos de trabajo y redes. Intercambiad opiniones en Internet. ¡De cualquier forma, mantened conversa-ciones acerca de la fe!”
Meditarla y profundizar en su doctrina
El Papa afirma que el papel de la Vida Consagrada es tan importante en la Iglesia que era necesario un Sínodo Universal para profundizar en su significado y en sus perspectivas. Recuerdo, por si acaso, que el tema de los Sínodos Universales debe ser de tan importante que afecte a toda la Iglesia extendida en el mundo entero. Lo que lo sitúa a distancia de los Sínodos Continentales, Nacionales y aún Diocesanos que estudian la problemática propia de su entorno. Y efectivamente, así lo percibió el Sínodo al comprobar la difusión de la vida consagrada en la Igle-sia de todas las partes de la tierra. (Cf, V.C. 2), La insistencia en esta realidad inter-pela a que sean todos los miembros de la Iglesia de las tres formas de vida señala-das en la Exhortación. Formas de vida todavía no entendidas y menos asimiladas en la realidad eclesial. Por eso es oportuno citar la magnífica y clara descripción:
“Las diversas formas de vida en las que, según el designio del Señor Jesús, se articula la vida eclesial presenta relaciones recíprocas…La igual dignidad de todos los miembros de la Iglesia es obra del Espíritu; está fundada en el Bautismo y en la Confirmación y corroborada en la Eucaristía. Sin embargo, también es obra del Espíritu la variedad de formas… como una comunión orgánica en la diversidad de vocaciones, carismas y ministerios. Las vocaciones a la vida laical, al ministerio ordenado y a la vida consagrada se pueden considerar paradigmáticas, dado que todas las vocaciones particulares, bajo uno u otro aspecto, se refieren o se reconducen a ellas, consideradas separadamente o en su conjunto… además están al servicio unas de otras para el crecimiento del Cuerpo de Cristo” (V.C.31)
La pregunta que me hago es ¿cómo se van a articular y formar un entrama-do fuerte para cumplir el mandato del Señor de anunciar su Buena Noticia, si se desconocen mutuamente? Porque es más que evidente este desconocimiento. Si se estudia y profundiza la Exhortación “Vita Consecrata”, todos saldremos ganando. Es decir ganará la Causa de Jesús.
Las tres partes que ofrece el Documento “Consagración” (Confessio Trini-tatis); “Comunión” (Signun Fraternitatis); y “Misión” (Servitium Caritatis), requie-ren un estudio en profundidad y muy lejos de una lectura superficial y en diagonal.
Vivirla y animar a vivirla
Y ahora soy yo el que corro a ver si logro darle alcance, decía el Apóstol Pablo, después de haber sido alcanzado por Cristo Jesús. La Exhortación Apostólica viene a ser una explicitación de los caminos que, hoy aquí, debemos recorrer los llamados a seguirle en el proyecto existencial que Jesús eligió al hacerse uno de nosotros. La “Vita Consecrata” es pues un documento para aplicarlo a nuestra vida. Y es necesario pedir la presencia del Espíritu “que nos explique estas cosas”, pues fácilmente pasan desapercibidas. Voy a poner un ejemplo de un pequeño frag-mento que decenas de veces he pedido en los coloquios que siguen a las conferen-cias, y las respuestas comprueban que la comprensión no pasan del barniz externo. Es el siguiente: “En la vida de comunidad, además debe hacerse tangible de algún modo que la comunión fraterna, antes de ser instrumento para una determinada misión ,es espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor Resucitado” (V.C. 42)
Sin preguntarle, me iluminó el tema una religiosa de ochenta años, muy sorda y cecuciente. Veía sólo para distinguir a las personas. Con frecuencia me dejaba alucinado con sus confidencias. Y un buen día me dice:
- Voy más contenta al recreo comunitario
- Pero cómo es posible lo que me cuenta, si no se entera de nada.
- Y qué. ¿No dice Jesús que donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, Yo estoy allí en medio de ellos. Mis hermanas y yo estamos reunidas en su nombre, y yo experimento y siento que Jesús está entre nosotras. Y eso me llena el alma de alegría.
Ahí está formidablemente explicado lo que es ese “espacio teologal, en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor Resucitado”
Con el símbolo del “Castillo exterior” reclama esa presencia mística, el Cardenal Nguyen van Thuan:
“Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, habla de un “castillo in-terior” espléndido y luminoso; es el alma habitada por la Santísima Trinidad; una realidad que hemos de descubrir dentro de nosotros, que ilumina toda la vida y conduce a la perfecta unión con Dios y al servi-cio del prójimo. En esta época de la globalización, en esta hora de la Iglesia comunión, ¿no ha llegado el momento-como alguien ha apun-tado- de descubrir, iluminar, edificar, además del castillo interior, el “castillo exterior”? Es decir: la presencia de Dios no sólo en nosotros, sino también entre nosotros. Es el castillo de dos o más unidos en el nombre del Señor, castillo que no hay que destruir nunca, sino que hay que recomponer continuamente y conservar en toda relación hasta el esplendor de la unidad perfecta” (Testigos de esperanza. Ed. Ciudad Nueva. 2.000, pg. 183)
Y ya no voy a decir más, sino desear que estas páginas hagan que los ejem-plares de la Exhortación Apostólica “Vita Consecrata” que, como el arpa del poeta, duermen en un rincón oscuro, salgan a la luz y hagan vibrar las cuerdas del alma de los discípulos de Jesús de Nazaret. Estas desenfadas y no demasiado hilvanadas líneas las quiero finalizar uniéndome a la invocación con la que Juan Pablo II finaliza su admirable y profunda exhortación:
“Tú que has hecho la voluntad del Padre, disponible en la obe-diencia, intrépida en la pobreza y acogedora en la virginidad fecunda, alcanza de tu divino Hijo, que cuantos han recibido el don de seguirlo en la vida consagrada, sepan testimoniarlo con una existencia transfi-gurada, caminando gozosamente, junto con todos los otros herma-nos y hermanas, hacia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso”.
P. Alfredo María Pérez Oliver, cmf
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