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Conviviendo con los musulmanes

Mi comunicación con vosotros me gustaría que fuese al estilo de lo que he estado haciendo en estos 18 años en Indonesia y continuo haciendo aquí en Paraguay. Han sido más de 100 las cartas circulares escritas desde allá a los amigos; esas cartas me han permitido el contacto y la comunión con todos ellos y dicen algunos que les han sido de provecho. Esas cartas salían de mis manos pensando en unas personas concretas y al final ni sé yo donde llegaban. Así puede ocurrir también con este escrito.

Hola amigos y amigas!

De algún modo habría de comenzar. Pero realmente no conozco a quienes me dirijo y esto me hace sentirme un poco extraño, un poco despistado. Mi amigo Alejandro Quezada, que sabe algo de mi vida allá por Indonesia y mis experiencias misioneras por aquellas tierras, me pidió escribiera algunas de ellas para la página web de CICLA. Mi primera respuesta fue diplomáticamente negativa y le decía “… No lo echo en saco roto pero me parece un poco extraño ponerme a escribir para gente que no conozco… Además no sé lo que les puede interesar ni por dónde empezar”.

Una segunda carta insistiendo me puso en compromiso. Sigo con el mismo miedo y reparo pero creo que puede ser hasta de algún provecho para algún lector. Por eso me he animado. No pienso hacer ninguna obra literaria. Ni sé si puedo hacer algo literariamente mediano. Nunca fui bueno en letras, lo mío eran más las ciencias. Además el español no es mi lengua nativa, esta es el valenciano. Y por si fuera poco he pasado 18 años hablando Bahasa Indonesia y algún otro idioma de aquellas tierras. Os diré que en la última parroquia en que estuve se hablan siete idiomas completamente diferentes y me dicen que en la media isla de Timor se hablan más de treinta idiomas.

Todo eso metido dentro de la coctelera de mi cabeza no sé lo que saldrá. Así que perdonad si me veis muy pobrecito e incluso me suspendéis en idioma. Mi comunicación con vosotros me gustaría que fuese al estilo de lo que he estado haciendo en estos 18 años en Indonesia y continuo haciendo aquí en Paraguay. Han sido más de 100 las cartas circulares escritas desde allá a los amigos; esas cartas me han permitido el contacto y la comunión con todos ellos y dicen algunos que les han sido de provecho. Esas cartas salían de mis manos pensando en unas personas concretas y al final ni sé yo donde llegaban. Así puede ocurrir también con este escrito.

Desde que recibí la última carta de Alejandro a mediados de Septiembre todo es darle vueltas a mi cabeza para ordenar recuerdos y ver por dónde empiezo. No tengo a mano ni notas escritas ni mi diario de aquellos años. Me van viniendo temas y recuerdos relacionados con ellos: Inculturación concreta en un mundo extraño para mí; 18 años peleando con inmigración sin conseguir el permiso de residencia; Mi primera misión en Indonesia, educar a unos pobres a vivir un voto de pobreza; Peligros de muerte en que me he visto envuelto; El nacimiento de una nueva nación, Timor Oriental; El via lucis con los jóvenes, “Más atrayente que la discoteca y el kareoke”; Enseñando la Biblia a la luz de una vela hasta que la barba se pone toda en llamas; Compartiendo experiencias de muerte con otros compañeros; etc. etc.

I. En la nación musulmana más grande del mundo

Pero me ha parecido que, como inicio, puede ser interesante contaros cómo he vivido mi contacto con los musulmanes en aquella nación con un 80 y muchos por cien de esa religión, siendo nosotros muy poquita cosa, uno o dos y pico por cien. Es la nación con más población musulmana del mundo. Me ha hecho pensar en esto quizás el haber recordado la caída de las torres gemelas hace ahora 10 años un 11 de Septiembre y el ver el mal concepto con que se tiene en nuestra sociedad occidental a nuestros hermanos los musulmanes.

Tengo que dar testimonio de mis muchas experiencias y mi contacto positivo con los musulmanes que me ha hecho olvidar todo lo negativo. Me gustaría que os ayudase a tener una visión nueva de esa religión que venera a Isha Almasih (Jesús el Cristo) y a Miryam perawan (María Virgen).

Yo tengo motivos también para tener reparos con ellos pues estuve a unos milímetros de ser secuestrado cuando estaba de camino a Indonesia, en Filipinas, al mes de llegar a Asia. “Este está fuerte y sano, tendrá plata”. Había estado con el P. Bernardo en una comunidad cristiana muy abierta a los musulmanes, preparando incluso la fiesta de San Miguel conjuntamente. Me buscaron y al no encontrarme (ya había volado a Indonesia) secuestraron al P. Bernardo. Cuando se escapó este al cabo de meses de secuestro me contaba que repetidamente le preguntaban dónde estaba ese hombre alto, fuerte y con barbas. Hay también historias de bombas e iglesias quemadas en Indonesia.

Pero frente a eso yo tengo que dar testimonio de mis muchas experiencias y mi contacto positivo con los musulmanes que me ha hecho olvidar todo lo negativo. Me gustaría que os ayudase a tener una visión nueva de esa religión que venera a Isha Almasih (Jesús el Cristo) y a Miryam perawan (María Virgen).

El estar en una nación tan mayoritariamente islámica nos hace vivir a los cristianos con una gran capacidad de adaptación, de no ser molestos, de sencillez, de decir mucho que sí y después hacer lo que se pueda. Nadie quiere saber el tanto por ciento de los que somos, por no molestar. Pero somos, con todo, muy influyentes sobre todo en hospitales y escuelas, grandemente apreciadas por la sociedad. Se da el caso de personas musulmanes que quieren levantar una escuela y le ponen el nombre de un Santo para atraer a la gente, musulmana por supuesto, pero que busca calidad en las escuelas cristianas.

En ese buen hacer de los cristianos con los vecinos me viene a la mente la reflexoterapia del bueno del P. Emilio Pablo que atraía a todos con su curar tocando los pies. Fue un gran don de Dios para crear unidad y aprecio para nuestra comunidad de Yogyakarta. A una congregación amiga el no cuidar detalles de convivencia vecinal le está trayendo muchos problemas desde hace años.

No es el caso de mi provincia de NTT (las islas más al este del sureste) y más en concreto la parte occidental de la isla de Timor, donde se encuentra la capital, Kupang, (Os cuento en otra ocasión la peculiaridad de la otra parte de la isla que es ahora una nación independiente). Aquí es donde más se concentra la población cristiana, llegando casi a partes iguales los católicos, los protestantes y los musulmanes, con pequeñas comunidades hindúes y budistas en lo referente a religiones. Aquí parece que estamos más en paridad y se nota una mayor apertura mutua.

II. Preparando celebración conjunta

Uno de mis contactos primeros con los musulmanes tuvo lugar durante muchos años en la celebración conjunta del Idul Fitri (fiesta primera de ellos como final del Ramadán) y nuestra Navidad, que por aquel entonces caía en fechas muy cercanas. El Idul Fitri cambia cada año por seguir el cómputo lunar del año y ser este un poco más corto. No sé porqué, pero casi desde que llegué, se me convocó para que con otros líderes de religiones, discutiésemos y preparásemos el mensaje de unidad para la celebración. Esta un año era en los alrededores de una mezquita, otro era en una Iglesia protestante, otro en una católica... Fue siempre un festival de unidad, armonía, alegría de todas las religiones. Por supuesto los hindúes y budistas eran invitados y aportaban su vida religiosa. La gente, sobre todo los más jóvenes, actuaba, cantaba, danzaba… con plena armonía durante dos o tres horas. Allí estaban siempre los líderes máximos de todas las religiones disfrutando de la fiesta. Y terminábamos siempre con el mensaje conjunto al que me refería antes y en el que había cooperado yo. Me viene a la m, cuando los católicos celebrábamos la consagración episcopal del Obispo Pedro Turang de Kupang los jóvenes musulmanes se ofrecieron a ser los encargados del orden. “Vosotros disfrutad de la fiesta, nosotros vigilaremos para que nada pase” Y así lo hicieron en aquella ocasión y otras muchas, y viceversa.

En aquellas reuniones de líderes recuerdo una intervención mía referente a que cada religión fuese capaz de criticar y desautorizar el mal comportamiento de los suyos y no hacer que los otros tengan que criticar pues cada uno busque justificar a los suyos.

Allí fue donde por primera vez conocí a Pak Udin, imán de la mezquita de Bakunase. Al terminar la reunión le hice de taxista y me sirvió para saber dónde vivía. Después me aprendí muy bien el camino, pues lo visité con mucha frecuencia. No podía faltar mi visita siempre que había una fiesta musulmana: “Ya te estaba esperando”. “Eres el primero en visitarme…” En esas visitas podía hablar con otros amigos suyos. Pero sobre todo eran fabulosas las horas charlando con Udín de teología y las dificultades de comprensión mutua, pero siempre con un profundo respeto. Yo le preguntaba sobre lo que parecía falta de respeto de los musulmanes hacia la mujer, sobre el terrorismo… El me preguntaba sobre la Trinidad y el fanatismo de algunos católicos… No dejamos de tocar ni los temas más escabrosos y difíciles, pero siempre con un respeto y una escucha mutua.

Puede ser resumen de esto que digo la pregunta que me hizo un día: “José Miguel, ¿cuál es tu experiencia de Dios como Padre?. Para nosotros los musulmanes Dios es un juez, misericordioso pero juez. No tenemos a Dios como Padre. ¿Cómo vives tú esa relación con Dios, así como Padre?” Y esperó hasta que yo ordenase mis ideas o más bien mis vivencias y le contestase.

Terminábamos siempre con un fuerte abrazo. Recuerdo en una ocasión que su mujer, cuando nos vio así abrazados, exclamó: “Tal para cual”. Aunque no era tan frecuente, no dejó de visitarme también en mi casa y comer el matrimonio con la comunidad.

En alguna ocasión me invitó a sus oraciones en la mezquita y me presentó como sacerdote católico y me invitó a intervenir. Recuerdo una vez en que un partido político, Golkar, había patrocinado una gran celebración religiosa. No cabíamos en la mezquita y estábamos en el recinto exterior de la misma. En un momento de la celebración se me pide que dirija la oración. Y allí salgo yo. No sé si fue el Espíritu Santo o fue Satanás quien me inspiró en aquel momento. Yo creo que fue el Espíritu Santo. Le dije a Dios en la oración: “Señor, destruye a Golkar (y dejé pasar unos segundos eternos y desconcertantes como veía en las caras, antes de proseguir), si no defiende a los pobres y más necesitados, si solo dice palabras pera engañar a la gente…” Nadie me dijo nada, se hubiesen retratado a si mismos si hubiesen protestado, pero me enteré que la oración se extendió como pólvora por la ciudad.

III. Que nos expliquen lo que celebran?

Hablando de fiestas, nosotros las llamábamos “tanggal merah” (días rojos). Teníamos muchas, sobre todo musulmanas, y, aunque muchos trabajaban esos días, las escuelas y las universidades no tenían clase. Yo era el rector del seminario claretiano, unos 80 muchachos. Les preguntaba que era lo que ellos celebraban y la respuesta era siempre: “No es nuestra fiesta, es de los musulmanes”. “No me parece bien que tú estés de fiesta sin saber lo que celebras. Hemos de hacer algo…”. “Si nosotros no sabemos, ¿porqué no llamamos a alguno de los líderes de la religión correspondiente y nos lo explica?” Manos a la obra. Yo me pongo en contacto con los líderes de las religiones y estos se comprometen a venir a hablar de sus fiestas.

En el caso de los musulmanes empezábamos cantando la oración “solar”, la más propia suya, como nuestro padrenuestro, y a saludarlos con el “Ashalamaileikum arahmatulahu wabarahuatu”. Nos explicaban las fiestas y salían continuas preguntas, siempre con un tremendo respeto, no buscando confrontación ni oposición. Así era siempre mi consejo a los estudiantes y nunca tuve problemas. Con el líder musulmán de la provincia de NTT me encontré en varias ocasiones y no paraba de repetirme la satisfacción de estar con nosotros por el gran respeto y cariño que veía en nosotros. Me decía que él lo publicaba por todos partes donde iba, pues para él era algo admirable. Se le veía plenamente convencido y satisfecho.

Así fue haciéndose en una y otra ocasión hasta que los estudiantes me dijeron que porqué no llamábamos en alguna ocasión a gente joven como ellos para que nos explicasen sus experiencias. En principio no fue fácil, pues los que no son especialistas en religión tienen reparo en expresarse sobre ella, sobre todo entre los musulmanes. Pero lo logramos una vez y después todo fue sobre ruedas. El P. Nuel fue a la Universidad Mohamadía y no sé como consiguió que 25 ó 30 universitarios musulmanes vinieran a hablarnos. Conseguíamos una armonía aun mayor que con los líderes, sobre todo cuando al final se repartían en grupitos mezclados y hablaban de modo más distendido. Les extrañó tremendamente que mientras ellos hablaban, el rector de los claretianos se pasase el tiempo sirviéndoles bebidas y algo de picar.

IV. ¿A quien se invita en nuestras fiestas?

Y como algo lógico, cuando llegaba la fiesta de Claret o alguna otra ya ni se preguntaba a quien se invitaba: “Por supuesto a nuestros amigos musulmanes o hindúes…” En una ocasión de tantas me acuerdo que estábamos a punto de empezar la celebración de la Eucaristía en el patio, por ser insuficiente la capilla, y veo entrar a unos 30 de ellos. No caí en la cuenta hasta ya empezada la misa de que para ellos esa era la hora exacta en que rompían el ayuno de no comer ni beber nada desde el amanecer a pesar del calor que había hecho. Estaban en el mes del ayuno del Ramadán.

Después de la homilía paré la misa, dejé que los cristianos reflexionasen e invité a los musulmanes a tomar algo. Me dijeron que tenían costumbre de unirse a rezar juntos antes. Les ofrecí nuestra capilla vacía y allá se reunieron a rezar. Después de que ellos tomaran algo continuamos nuestra celebración litúrgica, con su presencia por supuesto. Y más después a cenar y estar de fiesta. Para mi era un gozo ver mover el esqueleto a nuestros estudiantes con las musulmanas con velo o verles salir a ellos a cantar y recitar poesías.

Otras fiestas en que no faltaban nunca ni musulmanes ni los de otras religiones o denominaciones cristianas era nuestro “vía lucis” todos los domingos de Pascua. Todo empezó al ver la gran devoción de los cristianos al vía crucis en cuaresma y constatar que en Pascua no se hacía nada. “Sois unos tontos, unos inútiles… seguís a Jesús cuando sufre y me lo dejáis solo cuando triunfa. Vuestra religión es solo de muerte…” Así salió el “vía lucis” para acompañar a Cristo resucitado recordando las apariciones, con el cirio pascual presidiendo. Eran unas dos horas de cantar, bailar, gritar… pero a una señal 1.500 cuerpos (los conté en una ocasión de modo infalible) se paraban y 1.500 bocas se callaban para escuchar el Evangelio y alguna rápida reflexión. Y al grito de Alelu-Ya el ritmo y los tambores empezaban de nuevo.

Una vez, veo a un grupo de hindúes entrar con su líder al frente; me acerqué a darle la bienvenida y explicarle el significado de nuestro grito Alelu-Ya (alabanzas a Yahvé) y cual no sería mi sorpresa al decirme que ellos hacían lo mismo con su grito “Hari Krisna” y con el mismo significado. Desde aquel momento se mezclaron los Alelu--Ya y los Hari--Krisna. En los periódicos salió más de una vez la opinión de los jóvenes asistentes: “No necesitamos ni kareokes ni discotecas, lo pasamos mejor en el Claret”. Algunos venían ya a las 12 y hacían sus amistades. Empezábamos a calentar motores a las 5 y después las 14 estaciones por los terrenos del seminario.

Un año me extrañó escuchar que el Obispo de Kupang, no precisamente amigo mío ni de ningún claretiano, en la celebración de la noche de Pascua nos puso como modelos de celebración del tiempo pascual. Hubo muchos musulmanes que no se perdían ningún domingo sin venir a celebrar la resurrección de Cristo con nosotros. Una verdadera fiesta, más que ecuménica, interreligiosa.

V. Sacerdote y monja católicos representando a los padres musulmanes

Todo esto creaba un ambiente fabuloso de amistad. Y se demostró de modo tumbativo cuando uno de los muchachos musulmanes terminó sus estudios de teología islámica en la Universidad Musulmana Mohamadía y se graduaba. Hay que decir que allí la graduación es una fiesta solemnísima, en un gran salón propiedad del gobierno para los grandes acontecimientos: toga, birrete, entrega de diploma, discursos… todos acompañados de sus padres y del gran público. Habría más de 300 graduándose.

A Agus, que así se llamaba el muchacho, no se le ocurrió otra cosa que buscar a un sacerdote claretiano, P. Nuel Talo, para padre y a una monja, Hª Hilda, maestra de novicias de cerca del seminario, para madre. Sus padres no podían venir; él estaba en Arabia Saudí y ella, delicada de salud, no se atrevió a salir de su isla. Pero estaban los tíos y familiares más cercanos…

La historia no acaba ahí. Como Agus era el número uno de toda su promoción, salió a hablar representando a todos los alumnos que se graduaban. Y ¿Quién salió a representar a todos los padres, musulmanes casi absolutamente? Allí subió el sacerdote católico y la monja católica. Los medios de comunicación vieron la ocasión de tener una noticia super extra y asaltaron a Agus:”¿Porqué has hecho esto?”. “Quería aportar mi granito de arena a la armonía entre las religiones y he visto que el Claret trabaja y bien en este sentido”. A mí me invitaron también a la fiesta familiar. Todo fue armonía y alegría allí. El P. Nuel se los ganó a todos. Yo temía que algún familiar se sintiese molesto. Yo al menos no ví nada de eso sino todo lo contrario.

Agus me comentó algún tiempo después que ya había sido contratado por la Universidad Mohamadía como profesor y que le habían dado una beca para sacar el doctorado en Jakarta. Lo perdí de vista hasta que un día, en una calle de Kupang, una moto me pasa al coche que yo conducía y se me cruza en el camino. Era él. Aparcó y en plena calle nos dimos un fuerte abrazo y hablamos rápido porque molestábamos el tráfico. No lo he vuelto a ver, pero sé de su vida. Se está convirtiendo en un ayotola (pero de los buenos). Espero que nuestra amistad y su inteligencia hagan maravillas donde esté trabajando.

VI. Líder Musulmán aficionado a leer el Concilio Vaticano II

En una ocasión tuve la oportunidad de asistir a una charla en la Universidad Católica de Kupang, donde yo era profesor, dada por el líder de un grupo musulmán de más de 50 millones de seguidores, Abderraman Wahib, más conocido como Gus Dur, un ciego muy clarividente. Solo me acuerdo de la impresión tan positiva que me causó y de una de sus frases: “Yo he leído y uso con frecuencia los documentos del Concilio Vaticano II”. Y lo creo. Es casi un consultor permanente de la Conferencia Episcopal de Indonesia en sus reuniones y declaraciones.

Después cuando vino la democracia fue elegido como Presidente de esta nación de más de 250 millones de habitantes. Pero era demasiado bueno para ser político y lo defenestraron; quería legalizar hasta al partido comunista, hablaba claro contra la corrupción en un país catalogado de los tres más corruptos del mundo. Tuve ocasión de escucharle alguna otra vez, ahora por televisión. Me impresionaron algunas de sus expresiones: “Yo no les tengo miedo a los cristianos, pero me da mucho miedo la oración de los cristianos que no respetamos. El único Dios nos pedirá cuentas”. O aquella otra cuando el tsunami de hace unos años en el occidente de Sumatra: “Estas son las lágrimas de los cristianos a quienes no respetamos”

Hablando de tsunami, me acuerdo de uno de los muchos detalles, casuales o providenciales, ocurridos allí. Tuvo lugar ese tsunami en la parte más fundamentalista islámica, la más conflictiva de la nación en todos los aspectos. Y fue el 26 de Diciembre. días antes los cristianos, no muy numerosos, estaban preparando la Navidad y se sentían con frecuencia molestados por grupos fanáticos musulmanes. Ante esto decidieron marchar todos esos días a los montes y allí celebrar la Navidad en paz. Eso les salvó de estar entre los centenares de miles que fallecieron esos días.

VII. Dando nombre a niña musulmana.

Otra experiencia más reciente, ya no en la capital de provincia sino en Nurobo, en el interior de la isla. Un día tengo necesidad de hablar con la religiosa Hª Dulce, encargada de la policlínica. Y nada más hablarle me dice que no me puede atender, que está atendiendo un parto de una mujer joven y venía difícil, pues la criatura era muy grande. No se me ocurre otra cosa que decirle que si quería que la ayudase. “Vale”. Y allá me veis a mí de enfermero en un parto difícil. Pero todo terminó bien y cuando hube hecho de camillero sin camilla (a puro brazo), nos preguntamos por el nombre de aquella preciosa niña. Yo solté enseguida el nombre de “Salju” (=Nieves), en recuerdo de mi madre. Y me explayé en explicarlo en relación a una aparición de la Virgen en Roma, que la fiesta es el 5 de Agosto…

El chasco fue mayúsculo cuando me entero que es una familia musulmana y que había metido la pata muy hondo. Al cabo de algún tiempo fui a ver a la niña en su casa y pregunté al abuelo por el nombre de la niña. Todo extrañado me responde que su nombre es Salju, el que yo le puse. Y me contó más. A alguno de la familia no le gustaba ese nombre por no ser islámico ni siquiera conocer que es eso de nieve. Se pensaba en Nur (Luz) como su mamá, pero que al decidir eso la niña, de solo días, se puso enferma y no paraba de llorar. Con su autoridad de cabeza de la familia decide que se le ponga el nombre que el sacerdote católico le puso. La niña se curó de inmediato y dejó de llorar hasta entonces. Es normal que sea este el modo de poner o cambiar el nombre. El día de su primer cumpleaños me invitaron, me lo recordaron, vinieron a buscarme para que no faltase a todos los ritos propios de ese día especial. Allí estuve con ellos haciendo ya amistad con Salju. Un día me veo en la capitalita de la región un gran título indicando el nombre de un taller de automóviles: SALJU. Era propiedad del padre de mi amiguita Salju. Yo todo satisfecho

VIII. ¿Quién quemaba las casas de los musulmanes?

No he dicho una misa en toda mi vida con más rabia que la que celebré a las horas de lo ocurrido. “Que quede bien claro que no se puede defender tu religión cristiana quemando y matando a los que no piensan como tú”.

Tuvimos una experiencia muy fuerte allí en Kupang a finales de 1998, casi recién entrada la democracia cuando cayó Suharto. Fueron momentos muy duros en toda la nación y las victimas fueron sobre todo los chinos, en su mayoría cristianos. En Kupang, la noche se San Andrés, en que yo estaba felicitando al catequista Andrés Dendo, me entero de que están quemando todas las casas de los musulmanes.

No he dicho una misa en toda mi vida con más rabia que la que celebré a las horas de lo ocurrido. “Que quede bien claro que no se puede defender tu religión cristiana quemando y matando a los que no piensan como tú”. Terminada la misa algunos de los asistentes a la misma me llamaron. “Muy bien lo que has dicho, pero te falta saber algo. Anoche nos jugamos la vida nosotros y nuestros hermanos los protestantes de la Iglesia de Lahairoi, parando ahí delante a la horda que venía con bidones de gasolina para quemar todas las casas y establecimientos de nuestros hermanos los musulmanes. Nos insultaron, nos amenazaron, nos acusaron de estar vendidos… pero no les dejamos pasar”

Después me di cuenta que las casas quemadas y destruidas llegaban hasta donde ellos me dijeron. También me dijeron que nadie conocía a ninguno de los supuestos cristianos incendiarios. ¿Quiénes eran?. Nadie lo sabe y todos lo gritan: gente de fuera de Kupang pagados por el ejercito. Este desposeído de su omnipotencia con Suharto, quería hacer ver que era necesario para restablecer el orden. Siempre llegaban horas tarde cuando todo estaba destruido.

Otros cristianos menos valientes o con menos posibilidades se acercaban a los musulmanes a decirles que trajesen a sus casas cualquier cosa de valor y que fuesen ellos mismos a sus casas; y si los forajidos quemaban su casa, juntos después la reedificarían. Se sentían impotentes de hacer otra cosa. Todos los damnificados se refugiaron en escuelas, iglesias o establecimientos cristianos. De paso tengo que decir que en la construcción de nuestra Iglesia de Lasiana, lugar donde ocurrieron esos hechos y donde servíamos los claretianos, en muchas ocasiones venían las familias musulmanas a echar una mano, uno más con la familias católicas o protestantes: a acarrear piedras o arena, hacer los agujeros para los fundamentos, a traer cubos de argamasa o a levantar a peso, cientos de nosotros, las estructuras del dejado, al grito de aleluya u otro de su tribu, para animar y aunar fuerzas. Sabíamos ya lo que era trabajar juntos, cooperar.

Poco antes, en ambiente de provocación por los mismos sujetos se dieron casos muy significativos. En barrios prominentemente católicos pasaban gente en moto gritando: “Nos están quemando la Catedral”, al tiempo que golpeaban los postes metálicos de las farolas para llamar más la atención y crear la alarma.. Al mismo tiempo en los barrios con mayoría musulmanes ocurría lo mismo pero el grito era: “Nos están quemando la gran Mezquita” Ambos grupos tuvieron la serenidad de mandar a algunos motorizados para verificar lo que estaba sucediendo y constatar que no era más que una criminal provocación.
Allí tuvieron la serenidad de hacer esto pero en otras ciudades (Ambón y algunas de Sulawesi) se empezó el enfrentamiento. Y cuando alguien cayó victima mortal ya no valía el saber que todo era una provocación. No creo en esa guerra de religiones, como se dijo, sino en guerras de intereses políticos y económicos, que usan algo tan sagrado como la religión.

IX. Por fuera musulmán, por dentro hombre de Jawa.

Pasado ya todo esto, hubo otro momento en que me vi ya nadando, expulsado de la nación de las 18.000 islas. Se convocaron elecciones y en el ambiente mundial el problema de Palestina y otras naciones árabes nos hacia presagiar que la mayoría musulmana iba a dar su voto a los radicales fanáticos del Islam, de Amin Rais por ejemplo. Pero no fue así. Ganaron en la primera ronda los dos partidos nacionalistas con clara abertura a todas las religiones. En la segunda vuelta podía ganar el que quisiese, nosotros ya estábamos tranquilos. Indonesia no es una nación fundamentalista islámica.

Una experiencia de hacía tiempo me había dado las pistas de comprensión. Estaba yo estudiando como un niño pequeñito el Bahasa Indonesia en una escuela de idiomas en Yogyakarta. Una de mis profesoras era una universitaria musulmana. Hicimos mucha amistad y me invitó a su casa, cerca de donde se encontró el prehistórico “hombre de Java”. Toda la familia era musulmana menos el hijo mayor que era católico así como el novio de mi profesora. Y ella hacía la tesis de sus estudios sobre el amor en un escritor católico. El padre en casa me demostró sus habilidades místico religiosas de poner su kris (especie de puñal) de pie sobre la pinta, signo claro del misticismo de Java.

Allí en Yogyakarta me entero un día de que en la playa de Parentritis se hacía la ofrenda a “La Reina de los mares del sur”, paralelo a la ofrenda al “Espíritu del monte de fuego” (el volcán Merapi). Salía del Kraton, palacio del Sultan, una procesión con andas llevando comida, ropas y otros regalos hasta llegar a la playa y adentrarse en el agua, soltando todo cuando no podían entrar más. En el monte era hasta tirar la ofrenda en el cráter del volcán, siempre humeante y con frecuencia vomitando lahar.

No me la podía perder, la de la playa por supuesto. Mientras estoy esperando trabo conversación con un hombre que me dice que es maestro residente en Sumatra, pero que no se perdía ningún año esta fiesta. Se me ocurrió preguntarle por su religión y, como ofendido, me respondió que por supuesto él era musulmán. Pero añadió enseguida con una sonrisa que lo explicaba todo: “Por fuera, la piel, soy musulmán, por dentro soy hombre de Java”. Expresaba así lo que se llama el misticismo o espiritualismo de esa isla.

Conclusión. Experiencias que se quedan en el tintero.

Muchas cosas, me imagino que se habrán quedado en el tintero sin ser escritas: como el hablar de mi profesora nieta del Sultan; o el amago de secuestro o sospecha del mismo por un sospechoso pakistaní, que provocó la movilización de toda la población de Nurobo; o aquel jefe de policía musulmán de Atambua que sustituyó a otro católico, este último lo más corrupto de toda la región que nos trajo de cabeza por mucho tiempo; el musulmán resultó ser un santo y enseguida nos invitó a la boda de su hija; o la conversación con aquella musulmana que decía que si se enteraba que su marido tenía otra esposa lo mataba; se habla de poligamia entre los musulmanes!; o las oraciones con los musulmanes en la playa… Estas son todas experiencias personales. Podríamos estar horas hablando de las experiencias contadas por otros claretianos y escuchadas personalmente de ellos: P. Domingo Moraleda, P. Eduardo Monje, P. Bernardo Blanco… Yo soy un enanito ante ellos. A lo mejor sale en otra ocasión algo de esto.

He intentado compartir con vosotros algunas de mis experiencias en este mundo islámico. Os tengo que decir que nunca tuve miedo a nuestros hermanos musulmanes, a quienes aprecio y quiero. Hay mucho de prejuicio entre nosotros. Cuando buscábamos terreno para edificar el Seminario, una señora nos aconsejó que comprásemos allí cerca porque el barrio era muy seguro, “No vive aquí ningún católico”. Esa era la única razón para decir que había seguridad. No se podía imaginar que el que hablaba con ella era católico y encima sacerdote y el terreno lo quería para hacer una casa de formación de sacerdotes.

Creo que con todo esto yo influía en la formación de nuestros claretianos, pues nuestras constituciones nos hablan de esta apertura a otras religiones y a otras culturas. Soy consciente de que no es este el pensar de algunos, de claretianos incluso, y que he podido crear conflictos internos. Lo dejo para que Dios juzgue.

Con todo cariño os he hablado por si sirve de provecho a alguno y pueda ser vehiculo de una futura amistad. Estoy abierto a hablar más en particular si alguno lo desea.

Hasta la próxima. Ashalamaileikum. Alláh es grande (Los cristianos en Indonesia no tenemos otra palabra para decir Dios)

José Miguel Celma
Lambaré, 26 de Septiembre de 2011


 
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