Diario BÃblico: 27 de Enero
¿Con qué compararemos el reino de Dios?
Primera lectura: 2 Sm 11, 1-4a.5-10a.13-17
Me has despreciado, quedándote con la mujer de UrÃas
Salmo responsorial: 50
Misericordia, Señor: hemos pecado
Evangelio Mc 4,26-34
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•••DecÃa Jesús a sus discÃpulos: -El reino de Dios es como un hombre que sembró un campo:
27 de noche se acuesta, de dÃa se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo.
28 La tierra por sà misma produce fruto: primero el tallo, luego la espiga, y después el grano en la espiga.
29 En cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la cosecha.
30 DecÃa también: ¿Con qué compararemos el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos?
31 Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra es la más pequeña de las semillas;
32 después de sembrada crece y se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar a su sombra.
33 Con muchas parábolas semejantes les exponÃa la palabra adaptándola a la capacidad de sus oyentes.
34 Sin parábolas no les exponÃa nada; pero aparte, a sus discÃpulos les explicaba todo.•••
El utilitarismo y el "eficacismo" amenazan con frecuencia nuestro apostolado y nuestra pastoral.
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Caemos frecuentemente en la tentación de recurrir a planificaciones estratégicas en las que calculamos los resultados de acuerdo con nuestros esfuerzos, quitándole asà espacio a la gratuidad y a la incertidumbre.
La planificación pastoral es necesaria, pero ha de hacerse según el espÃritu del evangelio: hacer el mayor esfuerzo con los recursos más eficaces, pero la fructificación se deja en manos de Dios.
Algunas veces obtendremos un éxito inesperado; pero casi siempre nos fatigaremos enormemente sin recibir el resultado esperado. En todo caso, una vez hecho nuestro esfuerzo, deberemos confiar los resultados a la bondad y sabidurÃa de Dios. Las dos parábolas nos hablan del tiempo y de la espera. El tiempo de esperanza activa en la que se cuida el cultivo y se espera la cosecha.
El tiempo que necesita la mostaza para convertirse en una frondosa hortaliza, dispuesta a acoger aves que vienen de lejos y no tienen hogar. Lo mismo ocurre en nuestra vida. Hacemos grandes esfuerzos, mas sin los resultados esperados; pero, si hacemos todo según el espÃritu de Jesús, sabremos hasta dónde llegamos nosotros, y nos sorprenderemos de ver hasta dónde alcanza Dios.
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