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Diario Bíblico: 11 de Enero 2012

La gente comió hasta quedar satisfecha

 

Primera Lectura: 1 Re 12,26-32; 13,33-34

Jeroboán hizo dos becerros de oro

Salmo responsorial: 105

Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

Evangelio Mc 8,1-10

•••En aquellos días se reunió otra vez mucha gente y no tenían qué comer. Llamó Jesús a los discípulos y les dijo:

2-Me da lástima esta gente; ya llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer.

3 Si los despido a casa en ayunas, desfallecerán por el camino; y algunos han venido de lejos.

4 Le contestaron los discípulos: -Aquí, en este despoblado, ¿de dónde sacaríamos panes para alimentar a éstos?

5 Les preguntó: -¿Cuántos panes tienen? Respondieron: -Siete.

6 Ordenó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y se los dio a los discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

7 Tenían también unos pocos pescaditos. Los bendijo y mandó que los sirvieran.

8 Comieron hasta quedar satisfechos, y recogieron las sobras en siete canastas.

9 Eran unos cuatro mil. Los despidió

10 y enseguida embarcó con los discípulos y se dirigió al territorio de Dalmanuta. •••

EL principal milagro que realiza Jesús es hacer entender a sus discípulos que únicamente repartiendo lo que tienen pueden alimentar a la multitud que marcha tras él.

La pista para entender esto nos la da la reacción con la que los discípulos contestan a la constatación que Jesús hace sobre el estado de cansancio y hambre de la multitud. Los discípulos aún no aceptan el creciente número de simpatizantes de Jesús y, para ellos Lo más sencillo es despacharlos y que cada quien se arregle como pueda.

La respuesta de Jesús es dar de lo poco que tiene el grupo para así propiciar la solidaridad entre todos. Hoy enfrentamos en nuestras comunidades cristianas una realidad semejante. Nos aferramos a las necesidades y limitaciones internas y no nos damos cuenta de que el único camino para salir de esa situación es ir hacia los demás, hacia la multitud hambrienta y necesitada, sea de medios de subsistencia o bien de orientaciones para dar sentido a su existencia.

La comunidad cristiana crece en la medida en que responde a las necesidades de su realidad social y cultural. Debemos medir nuestras fuerzas por las posibilidades del evangelio y no por nuestras propias limitaciones.

Última actualización el Sábado, 11 de Febrero de 2012 09:05
 
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